Beatriz López

Revista: Cuarenta semanas (Familia, embarazo, maternidad)

Fecha: Febrero 2009

Beatriz López: “Dar a luz en casa es una experiencia inolvidable”

 

Sus dos hijos nacieron en casa, uno bajo el agua (hace 8 años) y otro de la manera tradicional (hace 10 meses).Considera que es mejor para la madre y el bebé, pues es un ambiente amigable y en el que las condicionesson conocidas y controlables

 

Tener un bebé en casa: ¿Cómo se siente?

Tener un nené en casa es divino. Toda tu energía está allí. Tú decides todo, conoces todo el ambiente perfectamente. En casa tú tienes el control, sólo está quien quieres que esté cerca

y tienes luz verde para todo. Sabes por dónde moverte, por dónde no; es tu espacio… todo gira en torno a ti pues es tu hogar, lo cual hace una gran diferencia.

El bebé nace en un espacio que conoce, en el que las bacterias que hay -pues hay bacterias en todos lados, incluso en un quirófano- son las bacterias con las que ha estado viviendo su mamá.

Yo ya tengo las defensas necesarias, pues vivo ahí. Por ello su sistema inmunológico estará

preparado. Cuando el bebé nace y de inmediato se pega al pecho, de una vez recibe todas esas

defensas que mi cuerpo ha preparado. No vas a escuchar cosas como “se infectó porque había

una bacteria en el quirófano”, pues he escuchado casos. Eso no pasa en tu casa. Además, no tienes que pedir permiso de nada para tener cerca a tu bebé, él está contigo siempre. No hay ni un segundo de separación. Podría no haberlo en una clínica, pero hay muchas circunstancias que influyen en ello: el pediatra, las enfermeras… muchas cosas que no puedes controlar.

 

La labor de parto

Esta vez fue rapidísimo, 6 horas. Me levanté a las 6:00 de la mañana, sentía contracciones.

Me dije “uy, como que siento contracciones…sí, son contracciones”. Me puse de pie, no

desperté a nadie, me vestí y bajé a caminar al jardín del edificio. Estuve hora y media abajo.

Llamé a la obstetra y a la facilitadora que me acompañó para avisarles que ya había empezado,

que estuvieran preparadas, pero dije “todavía falta” (por ser facilitadora de parto sabía que esto toma tiempo, sin embargo fue menos tiempo del que creía).

A las 7:30 subí, desperté a mi esposo. Es cómico, él tenía varios días sin desvelarse, pues

ya sabía que venía la fecha, pero justo el día anterior se había acostado tarde. No se quería

despertar y le dije: “bueno, quieras o no, estoy en el trabajo de parto”.

Como a las 8:30 desayunamos y como ya las contracciones estaban fuertes, llamé a Silvia

-la facilitadora- para que viniera a mi casa. Ella me escuchó la voz y por la respiración me

dijo que este parto podía ser más rápido que el anterior “¿Por qué no llamas a Carmen (la

obstetra) para que te evalúe?” La llamé y le conté que las contracciones estaban fuertes.

Me respondió: ”Mi carro está dañado y estoy preparando una exposición para las 2:00 pm

(pues estaba estudiando homeopatía) ¿Por qué no te vienes a mi casa y te hago un tacto?”.

Seguimos conversando y comentó “No quieres salir de la casa ¿verdad?… bueno, dile a tu

esposo que me venga a buscar, voy para allá a chequearte”. Fue muy gracioso, pues además

me dijo “pero dile que pase por la clínica para recoger algunos implementos”. Aunado a

esto, mi hija no quería estar y mi hermana la iba a cuidar. Entonces era todo un periplo ya

que mi esposo tenía que dejar a mi hija en casa de mi hermana, buscar los equipos, buscar a

Carmen y venir… hizo todo eso.

A las 9:00 am llegaron la facilitadora y mi esposo. Además él estaba súperdesesperado

porque al llegar a la clínica le hablaron con muchísima calma, muy relajados y él sólo

pensaba en todo lo que tenía que hacer. Entre retraso y retraso llegó a casa de Carmen.

Cuando abrió la puerta ella estaba casi en pijamas, con la computadora prendida y decía

“ya va, espérate”. Entretanto, en mi casa, a las 9:30 – 9:40, tenía trabajo intenso y le dije a mi facilitadora que estaba sintiendo dolor en las caderas y ganas intermitentes de pujar. Yo como facilitadora sé que eso significa que no he terminado de dilatar. Ella acomodó todas las cosas para el parto, de manera que si llegaba el momento estuviéramos preparadas, llegaran o no mi esposo y obstetra a tiempo. Lo increíble es cómo uno se conecta con el cuerpo: me metí en el agua para aliviarme el dolor; me senté en la poceta, lo cual me hizo sentir muy cómoda, pues estaba en posición vertical sin estar apoyada en las piernas, podía estar abierta.

Fue muy sabroso estar sola con la facilitadora. Era una energía totalmente femenina.

Tuve una experiencia muy íntima con Silvia, quien me acompañó cuando tuve una

pérdida y yo estaba sola en la casa. Esta vez estaba conmigo, pero con lo contrario. Además,

fue muy significativo, pues en estos casos son mujeres las que acompañan a mujeres: comadronas, parteras.

A las 9:45 le pedí a Silvia que llamara por teléfono para saber dónde estaban, pues para mí

era importante que mi esposo estuviera presente y disfrutara de esa experiencia. Llegaron

y Carmen me examinó, tenía 9 centímetros. Antes de que llegaran yo me estaba agachando,

acuclillando, ya se veía la cabeza. Carmen me dijo “la cabeza está muy alta, ¿Por qué no

haces esto?”. Les dije “ya basta, quietos, yo ya sé lo que tengo que hacer”. El cuerpo sabe, es

algo instintivo, no es algo lógico, no se piensa. Dije “salgan todos, dejen la lógica, sé lo que

tengo que hacer”. Empecé a hablar con el bebé: “Bueno, Alejandro, ya vas a nacer, baja, ya está todo listo”.

Mi esposo empezó a tomar fotos, le dije. “deja esa cámara, ¡ven ya!”. Ya que estaba ahí era

importante que estuviera conmigo. De hecho, fue muy importante su apoyo físico: se puso

detrás de mí e hizo de soporte. Me paraba y cuando venía la contracción me agachaba. Él

dice que parió conmigo porque cuando bajaba le enterraba los codos (jajaja). El hecho de que llegara todo el mundo de golpe hizo que se interrumpiera la experiencia. Creo que hubiera dado a luz más rápido si no hubiera habido esa interrupción. Tanto es así que me empezó a dar miedo y me empezaron a doler más las contracciones. Perdí el instinto y empecé a pensar, a sentir más dolor, le empecé a meter cerebro”. Me paré, tuve que ir al baño, estaba incómoda. Todo eso es parte de la etapa de transición pero el asunto es que era más racional. De hecho, yo no había roto membrana, le pedí a Carmen que me la rompiera para agilizar el proceso.

El nacimiento

La emoción se convierte en tranquilidad. Ya en la etapa de expulsión me desconecté

totalmente de la realidad. Recuerdo que me agaché, tomé una pierna y pujé más (luego me

confirmaron que efectivamente lo hice). Previamente había hecho una lista de las cosas que quería en el parto. Una de ellas era que no deseaba que lo halaran. Yo estaba con los ojos

cerrados, sintiendo lo que pasaba por dentro, cuando de pronto sentí que Carmen iba a halar

a Alejandro. Yo le dije “no lo hales”. Según me cuenta mi esposo, ella me explicó por qué lo

estaba haciendo. Pero sé que pujé el bebé salió. Yo sabía que no necesitaba que lo halaran.

En ese momento sentí tranquilidad. Mi esposo se puso a llorar. Lo agarré, le di la bienvenida:

“Hola bebé bienvenido, aquí están mamá y papá, respira”.

Ellos no se pegan inmediatamente al pecho. En ese momento estuvimos los tres. Fue una

de las cosas que pedí, además de una música que ya había seleccionado. No quería escuchar

el blablabla del obstetra, ni la conversación de los demás. Le dije Carmen que no pisara el cordón umbilical, sino que esperara a que terminara de latir para que lo pisara y cortara. Entonces vestimos a Alejandro. De inmediato tenía muchas ganas de bañarme, me bañé, nos acostamos y le di tetica. Mientras la placenta salía y me tomaban un par de puntitos (yo pedí que no me hicieran episiotomía), Alejandro estaba con el papá.

La facilitadora limpió todo. Cenamos, comimos. Yo había preparado unas pizzas. Después

llegaron mi hermana y mi hija. Yo estaba desesperada por que llegara. Lo conoció, estuvo enamoradísima de su hermano, pero se quedó en casa de su primo. Fue muy rico, porque el bebé se merece tener un recibiendo exclusivo.

 

Fue todo muy casero. A los tres días ya salía a la calle. Él nació un sábado y el jueves lo llevamos con unos amigos para que lo conocieran. Ellos decían “esto sí es extraño, es la primera

vez que llevan a un recién nacido a conocer a la gente en vez que de la gente vaya a visitarlo”.

La parte legal

Como no llevas el certificado de nacimiento que te da la clínica, entonces tienes que llevar dos testigos que confirmen que nació el día y en el lugar que se indican. No es nada del otro  mundo.

 

Entrevista por: Lic. Ana Teresa Trujillo A.

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